Una buena definición de soberanía digital podría ser: capacidad de un país u organización para controlar sus propios datos, tecnologías e infraestructura crítica, sin depender de proveedores o plataformas que puedan imponer restricciones externas. Para el Presidente en América Latina de SUSE, Marcos Lacerda, “este tema ha ganado relevancia a medida que los datos y las aplicaciones se han convertido en activos estratégicos, tanto desde una perspectiva económica como de seguridad nacional. La pandemia y las recientes tensiones geopolíticas solo han reforzado la urgencia de este debate”.
El ejecutivo regional de SUSE se expresa en la misma dirección que el reporte de Linux Foundation Europe, “Open Source Drives Innovation and Digital Sovereignty”, publicado en agosto pasado. “El código abierto es, en la práctica, la base técnica y filosófica de la soberanía digital. Permite que gobiernos y empresas tengan total transparencia sobre el código que utilizan, evitando dependencias de soluciones propietarias o de proveedores específicos. Además, el modelo colaborativo del código abierto fomenta la innovación local, el intercambio de conocimiento y la creación de ecosistemas tecnológicos más sostenibles e independientes”, agregó (1).
“Hoy, cualquier empresa que maneje datos estratégicos —financieros, industriales o de consumo— necesita asegurar su autonomía sobre dónde y cómo se almacenan y procesan esos datos. La soberanía digital, por tanto, también es una cuestión de competitividad empresarial, no solo de política pública. Las compañías que dominan su infraestructura pueden responder más rápido a los cambios regulatorios, proteger mejor sus datos e innovar con mayor agilidad”, definió Lacerda. En este orden, según su colega, Andreas Prins, Global Head Sovereign Solutions en SUSE, “para las organizaciones, la soberanía digital cubre el control sobre los flujos de datos, los sistemas de TI, el software y los procesos de toma de decisiones relacionados con las operaciones digitales. No es solo una preocupación técnica sino una cuestión de confianza, responsabilidad y resiliencia a largo plazo en nuestro mundo digital interconectado”.
El rol de SUSE
Consultado sobre el papel que le cabe a SUSE en este contexto, Lacerda recordó: “SUSE tiene más de treinta años de historia promoviendo infraestructura abierta, segura e interoperable. Nuestro papel es habilitar la soberanía tecnológica de gobiernos y organizaciones, ofreciendo soluciones basadas en Linux empresarial, Kubernetes y automatización de infraestructura, todo bajo un modelo de código abierto y con soporte global. Trabajamos para garantizar que nuestros clientes tengan control total sobre sus entornos” (2).
—¿Cómo apoya SUSE a sus clientes en la construcción de entornos soberanos?
—Ofrecemos soporte que va desde la modernización de la infraestructura Linux empresarial hasta la adopción de plataformas abiertas de Kubernetes, que permiten ejecutar cargas de trabajo en cualquier entorno —público, privado o híbrido— sin depender de un proveedor. También brindamos servicios de seguridad, cumplimiento y acompañamiento para ayudar a nuestros clientes a cumplir con los requisitos regulatorios locales.
Los riesgos de la dependencia
Para Lacerda, el riesgo de un vendor lock-in, donde una organización depende de soluciones cerradas o bien extranjeras, es crucial, porque cercena en las empresas la capacidad de migrar, adaptarse o evolucionar conforme cambian sus necesidades, dejándolas atadas a tecnología propietaria. “Además, existen riesgos de costos impredecibles, problemas de cumplimiento normativo e incluso interrupciones operativas si el proveedor modifica las reglas de uso, licenciamiento o soporte”, destacó. Estos riesgos se aprecian a escala de bloque continental, con sus implcancias geopolíticas, en el Reporte sobre Soberanía Digital del Parlamento Europeo, sobre todo en el pedido de moción de resolución sobre la soberanía tecnológica y la infraestructura digital europeas.
“Hoy, cualquier empresa que maneje datos estratégicos necesita asegurar su autonomía sobre dónde y cómo se almacenan y procesan esos datos. La soberanía digital, por tanto, también es una cuestión de competitividad empresarial”.
Sobre la preparación de América Latina para discutir este tema, Lacerda dijo: “Sin duda, el tema está ganando fuerza. Vemos gobiernos y grandes empresas replanteando sus estrategias de datos e infraestructura”. El ejecutivo citó el caso de Brasil, donde “el debate sobre soberanía de datos y el uso de nubes públicas versus nubes locales se ha intensificado, especialmente en sectores regulados. El desafío es transformar esta discusión en políticas y prácticas concretas, y el código abierto es el camino natural para lograrlo”.
Sobre la disyuntiva que lleva a algunas organizaciones a pensar en el trade off entre la seguridad y la soberanía digital en el marco del uso de soluciones de código abierto, Lacerda observó: “La seguridad del software de código abierto presenta una dualidad: por un lado, suele ser más robusta y segura que las de las soluciones propietarias gracias a las revisiones comunitarias y la rápida corrección de errores. Por otro lado, no es automáticamente seguro y requiere supervisión cuidadosa, ya que puede haber riesgos como proyectos abandonados, vulnerabilidades ocultas o falta de soporte formal. Por ello, se necesita una gestión activa de la seguridad para mitigar estos riesgos cuando se implementa en entornos empresariales”.
“Aquí radica precisamente el diferenciador de SUSE —enfatizó el ejecutivo regional—: ofrecemos versiones “enterprise” meticulosamente verificadas y con soporte extendido, sin perder el ADN del código abierto”.
Nube e innovación
Lacerda también apunta a desmitificar la visión que contrapone los conceptos de soberanía digital y nube. La condición: “que la nube se construya sobre estándares abiertos e interoperables. El problema no es la nube en sí, sino la dependencia de una nube específica. Es perfectamente posible tener soberanía digital utilizando múltiples proveedores o incluso nubes locales, siempre que las aplicaciones y los datos puedan moverse libremente. Eso es lo que defendemos en SUSE: libertad de elección y control total del entorno” (3).
“El código abierto democratiza el acceso a la tecnología y permite que los desarrolladores locales creen, prueben e implementen soluciones sin barreras de entrada”, subrayó Lacerda. “Esto es fundamental para aumentar la competitividad regional. En lugar de importar tecnología, podemos generar innovación aquí, adaptada a nuestra realidad. Es un movimiento de transformación económica y social, y en SUSE estamos orgullosos de formar parte de este ecosistema” (4).
—¿Cuáles son los próximos pasos para consolidar la soberanía digital en la región?
—El primer paso es la educación y la concienciación: ayudar a gobiernos y empresas a comprender el valor de la autonomía tecnológica. Luego, es necesario adoptar políticas que incentiven el código abierto, promuevan el desarrollo local y exijan transparencia a los proveedores. El futuro de la soberanía digital será colaborativo, abierto e interconectado, exactamente como el modelo de innovación que representa el código abierto (5).
Más información
- Puede profundizar en Open Source: The Key to Achieving Digital Sovereignty – SUSE
- Para más información: Championing Digital Sovereignty in Europe – SUSE
- Para ampliar: SUSE and Red Hat: How Open Source Leaders Are Tackling Digital Sovereignty – Futurum Group
- Más detalles en: Linux Foundation Europe Report – Open Source Drives Innovation and Digital Sovereignty
- Puede profundizar en Open Forum Europe – European Sovereignty Task Force








